La muerte es, en esencia, un proceso terminal que consiste en la extinción del proceso homeostático de un ser vivo y, por ende, concluye con el fin de la vida terrenal o del organismo sensorial. Adicionalmente no se ha definido científicamente en qué parte del proceso está el umbral en que se pasa de la vida a la muerte; sin embargo en los demás estudios que componen al ser humano, se establece la muerte, como el punto de trascendencia de una dimensión a otra; matemáticamente, un punto de inflexión en donde se transcurre de un sentido material a uno espiritual.
La muerte puede adquirir diversos matices, desde el más frio y sombrío, señalando la ausencia de humanismo y sentido de la vida, hasta un cambio profundo como el ocurrido en la Cámara de Reflexiones, siendo el V.I.T.R.I.O.L. el lema preponderante.
En el cuarto de reflexión se ahonda en lo profundamente espiritual, pasando por un despojo de metales y ropas que simbolizan todo aquello por lo que el humano pierde control de su Ser al prestarle mayor importancia, aquello que no va en la maleta de viaje que uno toma al dejar el reino material. El cuarto de obscuro, con su aislamiento y con sus negras paredes, representa un período de maduración silenciosa del alma, por medio de la meditación sobre lo trascendental, preparando al ser para una nueva iluminación en otra dimensión, considerando entonces a la muerte como un portal místico entre un espacio y otro.
Es a través de la muerte que se encuentra un verdadero significado de lo que se encuentra más allá de las partículas disgregadas y la materia descompuesta, es el alma indivisible de la que Demócrito habló y denominó átomo, aquella parte del ser divino que contenemos y que regresa al origen para ser enaltecida a su siguiente escalón de la cadena evolutiva universal, de haber comprendido la lección en esta escuela Tierra.
Es al borde de la muerte cuando se muestra la verdadera faceta humana del hombre, es al borde del despojo que se comprende la relevancia de todo aquellos recuerdos y herencia que se dejaron en este plano, al borde del abismo, cuando se contempla la magnitud del horizonte y cuando, con regla en mano, se nos mide en cuanto a lo que hicimos para los demás y no en cuanto obtuvimos de ellos.
No se trata del cuándo o del porqué llega la muerte, se trata del cómo la enfrentamos y las consecuencias de un acto que podría ser natural o bien honorable.
En palabras de Viktor Frankl:
“Cuando uno se enfrenta con un destino ineludible, inapelable e irrevocable, entonces la vida ofrece la oportunidad de realizar el valor supremo de cumplir el sentido más profundo”.
“El ser humano no es un objeto más entre más objetos; las cosas se determinan unas a otras, pero el hombre, es su propio determinante”.
“Nuestra generación pues, es muy realista, después de todo, hemos llegado a conocer al hombre en estado puro: el hombre es ese ser capaz de inventar las cámaras de gas de Auschwitz, pero también es el ser que ha entrado a esas mismas cámaras con la cabeza erguida y el Padrenuestro o el Shemá en los labios”.
Finalmente una reflexión sobre Los Últimos Tres Deseos de Alejandro Magno:
Encontrándose al borde de la muerte, Alejandro convocó a sus generales y les comunicó sus tres últimos deseos:
Uno de sus generales, asombrado por tan insólitos deseos, le preguntó a Alejandro cuáles eran sus razones.
Alejandro contestó al general:
Finalmente...Feliz Muerte







